Preocupación por el comportamiento de los mercados ante el coronavirus

Europa y Estados Unidos no están comprando, China consulta pero realiza pocas operaciones, mientras Rusia absorbe parte de la producción pesquera. El calamar es el producto que más se exporta y preocupa el destino de los mercados del langostino y la merluza. La conserva es la única que trabaja a pleno.

Las exportaciones a Europa y Estados Unidos están frenadas y desde China hacen consultas pero todavía hay muy pocas ventas. Japón, un mercado destacado por la exigencia de calidad, había comenzado el año con un mejor nivel de compras pero a partir de la crisis del coronavirus se ralentizó y ya realiza muy pocos pedidos. Rusia es una de las pocas plazas que está absorbiendo parte de la producción argentina. Brasil en los últimos días comenzó a rechazar envíos con destino a Río de Janeiro y San Pablo a partir de la implementación de la cuarentena. Solo los que tienen acuerdos con grandes supermercados logran colocar algo de su producción en países con altas tasas de infección.

Hoy el grueso de las exportaciones se está dando con la pota; es un producto de salida rápida porque no hay mucho y tiene buen precio, según cuentan los grandes comercializadores de la industria pesquera argentina. Si bien las capturas en el sur fueron 30% inferiores a las del año pasado, se ha podido mantener activa la flota y ahora se preparan para buscar en el norte el stock bonaerense-norpatagónico.

El mercado de la merluza está complicado. Se está vendiendo algo de entera en los mercados de España y Estados Unidos pero muy poco filet porque no hay ventas y además las bocas de expendio todavía tienen stock.  Ahora se ha sumado Brasil con el cierre de sus dos principales mercados, rechazando envíos de filet de merluza que ya estaban en marcha.

La falta de ventas de merluza genera preocupación por ser un producto que emplea a una gran cantidad de obreros. De su recuperación depende la reactivación de las plantas de procesamiento, especialmente en Mar del Plata.

Langostino se logró exportar a Europa antes de que España entrara en fase crítica y varias empresas colocaron langostino entero, aunque a fuerza de una tentadora baja de precios. Pese a ello, debieron sortear en algunos casos inconvenientes para ingresar los envíos y ahora las ventas están frenadas. Lo mismo ocurre con Europa del Este.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, la merluza y el langostino van dirigidos mayoritariamente a restaurantes, hoteles, catering y food service que se encuentran todos cerrados como consecuencia de la cuarentena obligatoria.  “En Estados Unidos el coronavirus ya es un problema gravísimo, los clientes americanos no quieren recibir contenedores que están llegando, cargados antes de que se declarara la pandemia”, indica Miguel Glikman del Grupo Newsan.

Dependiendo del tamaño de los ejemplares y del tipo de producto, es la demanda y el mercado al que van dirigidos. “En Japón, donde comercializamos las colas más chicas, las ventas están prácticamente paradas, señala Ventura Lafuente, titular de Estrella Patagónica; y agrega que “hoy Rusia está absorbiendo buena parte de la producción”.

Otro dato que desalienta es el de los precios. Si bien China demuestra interés en retomar las compras, aunque realizando muy pocos pedidos concretos, todas las operaciones se realizan sobre la base de valores muy deprimidos. Ya entre enero y febrero el langostino se encontraba en su punto más bajo, empujado por el vannamei que llegaba de un Ecuador con superproducción. Nadie se atreve a decir que el precio bajará más aún porque ya se está trabajando sobre un margen muy acotado, pero están seguros de que al menos no se recuperará en este año.

El único sector que se encuentra trabajando al máximo de sus posibilidades es el de la conserva. Federico Angeleri, director comercial de la firma Veraz, señala que “decidimos no pararla porque está comprometida en el abastecimiento de alimentos. Hemos aplicado un protocolo interno porque en estos productos las ventas se dispararon en el mercado interno, los clientes quieren la mercadería para ayer y ya casi no tenemos stocks”.

Con mercados tan deprimidos algunos se preguntan si tiene sentido hoy poner en funcionamiento la empresa, mientras otros consideran que se debe esperar a los próximos 15 días para ver para dónde van los mercados y en qué situación estará Argentina para entonces. Pero todos coinciden en que se deberá encontrar una forma de poner en marcha la industria para que el daño económico no sea irreparable.

En marzo se han pagados los sueldos sin necesidad de requerir a ayudas externas pero existen dudas de que la mayoría pueda afrontar los pagos de abril. Las líneas de crédito que ofrece la banca para pagar sueldos y los REPRO son opciones que se manejan para afrontar los gastos del próximo mes, pero la situación no podría sostenerse por mucho tiempo y encontrar una forma de mantenerse activos es hoy la preocupación en el sector.

La temporada de langostino comenzará en poco más de un mes y quedan muchas cuestiones operativas por resolver en el marco de la pandemia. Es muy probable que las plantillas de trabajadores de plantas se vean reducida hasta un 50 por ciento para poder garantizar la salud de los obreros; incluso aunque se trabajase en dos turnos, no se podría llegar al nivel de ocupación que se tuvo en años anteriores.

En el caso de las flotas la situación es muy compleja y es toda una incógnita para los empresarios cómo podrán manejarse sin riesgo, especialmente en la flota fresquera. La alternativa que mayor garantía ofrece es no renovar la dotación durante períodos prolongados pero existen dudas de si las tripulaciones estarán de acuerdo. Se habla de permanecer un mes en el agua, sin tocar puerto, y una metodología de estas características requerirá del apoyo del Estado y de los gremios marítimos con apoyo real de las bases.

Mañana quedará habilitado el sector norte para la captura de calamar y si bien varias empresas han convocado a sus tripulaciones, otras lo han podido resolver con la misma dotación que acaba de terminar la temporada en el sur. Si bien en un principio se temió que no quisieran seguir navegando, la posibilidad de seguir trabajando sin riesgo fue aceptada sin reparos por los tripulantes.

Salir a la búsqueda de uno de los pocos recursos que hoy tienen mercado es un mínimo bálsamo que encuentra la industria en este momento. Todos coinciden en que no se podrán sostener mucho tiempo sin actividad y esperan poder encontrar soluciones que garanticen la continuidad  y la salud. Pero esa continuidad no dependerá únicamente de las decisiones que tome Argentina sino especialmente de cómo vayan reaccionando los mercados en el mundo.

Fuente: Revista Puerto


Juan

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