“La especie objetivo de la temporada es la cola rota”

El sector empresario coincide en que se pescó mucho langostino, rápido y mal. Un importante porcentaje de la captura está compuesto por colas rotas de bajo valor, mientras otra fracción se descarta en tierra con melanosis y olor. La mala calidad está relacionada con el aumento del esfuerzo pesquero que además puede tener consecuencias biológicas.

Este año dejarán de ingresar muchas divisas al país por un mal manejo del recurso. La historia no comenzó hoy, pero sí se mantuvo y este año se vieron las consecuencias de permitir el ingreso de más de cien barcos nuevos a la pesquería bajo cualquier parámetro, duplicación de las bodegas a partir de la utilización de “cajitas” en lugar de cajones y no tener ningún tipo de control sobre la operatoria de los buques.

La flota hoy se concentra en al norte del paralelo de 41º y todo indicaría que no ocurre porque se haya desarrollado un nuevo stock de langostino, sino porque a base de una presión pesquera desmedida se ha corrido el recurso al norte un mes antes de lo habitual. En el sector pesquero, las empresas integradas con planta de procesamiento en tierra y los operadores responsables temen por el cierre anticipado de la temporada y las consecuencias económicas, sociales y biológicas que podría tener.

Además, preocupa la imagen del país en los mercados ante la baja calidad que se está exportando, como en los años ochenta, se exportan bloques y mucho de lo que se captura se descarta en tierra por melanosis y mal olor. Pocos son los fresqueros que entregan productos de calidad a las plantas, mientras el resto aporta una mayoría de colas de baja calidad. “Cola rota ha sido la especie objetivo de esta temporada”, señala entre sus colegas un experimentado procesador.

Las colas de buena calidad se exportan a 6,50 dólares el kilo, pero una buena parte de esta mercadería, por la mala calidad que tiene, se termina exportando en bloque a mercados menos exigentes a un valor de 4,50 dólares, mientras el costo de producción es de 5 dólares. Pero además una fracción importante del langostino salvaje y natural que llega a tierra se descarta en la planta. “Es un desastre lo que hicimos con el langostino que pescamos este año”, reconocen en el sector.

“Suelo recibir los últimos camiones del barco y el 50 por ciento no sirve. En la planta he llegado a recibir 600 toneladas de langostino de las que obtuve 300 toneladas de colas, de las cuales la mitad no se puede exportar porque tiene melanosis y mal olor. Me piden que la rotule para mercado interno”. Ese fue el primer dato con el que contamos para comenzar una serie de consultas entre distintos operadores del sector.

Cuando recibimos esta denuncia pensamos, en un primer momento, que se trataba de un caso aislado y comenzamos a realizar una serie de consultas; lamentablemente confirmamos que se trataba de un problema generalizado. El tema de la calidad está unido al aumento del esfuerzo pesquero y hay una serie de factores que se han combinado para dar por resultado una temporada “desastrosa”, según la calificación que le otorgan los empresarios.

Uno de los factores que afectan la calidad es la amplia franja horaria de 72 horas con las que cuenta la flota fresquera para permanecer en la zona de pesca, a la que se le deben sumar las horas de viaje y el tiempo de espera en puerto para las descargas, que puede ser de más de un día, ante la gran cantidad de barcos que se concentran en puertos patagónicos imposibilitados de atender semejante demanda.

El resultado de tantas horas en bodega de un pescado que, además, no siempre tiene la cantidad de hielo que necesita, es un elevado porcentaje de producto de mala calidad que atenta contra el mejor aprovechamiento del recurso que debe perseguirse. “Para cuando llega a la planta el langostino capturado en el primer día no tiene el frío necesario, llega aplastado y en muchos casos con melanosis y mal olor; pueden haber pasado entre 96 y 120 horas desde que fue capturado”, indica el responsable de una importante empresa multinacional.

Otro de los factores que han influido negativamente, según relatan, es el paso de cajones de 18 kilos de langostino a cajitas de 17 kilos, que ha permitido duplicar la capacidad de acopio en bodega. Dando un ejemplo nos grafican que un barco que cargaba 1500 cajones ahora carga 2.300 cajitas. “La capacidad de bodega se multiplicó en un 50 por ciento, es como si se hubiera permitido el ingreso de 60 nuevos barcos”, aseguran.

Cuando se comenzó a pescar langostino fresco en aguas nacionales en grandes cantidades hace seis años, en los cajones se podía traer 15 kilos, pero debían venir cargados de 13,5 kilos de langostino y el resto hielo; luego se permitió cargar 15 kilos de langostino, luego pasaron a 17 kilos y terminaron en 18 kilos de langostino. El aumento fue de casi 5 kilos y se identifica como el primer signo del deterioro del producto.

“Con 13 kilos se hacían colas sanas y hasta se llegaba a hacer langostino entero de Nación, pero eso se perdió y el mayor problema se dio cuando comenzaron a utilizar cajitas, porque no solo se bajó nada más que un kilo de lo que traía el cajón, sino que por la forma de estibarlas permitió casi duplicar la capacidad de bodega”, señala uno de los empresarios consultados.

A partir de la implementación de esta modalidad, un barco artesanal de 800 cajitas de 17 kilos puede traer 13.600 kilos de langostino en un día, lo que un tangonero congelador promedio tarda tres días en procesar. Recordemos que el último informe del INIDEP indica que esta ha sido la temporada con mayor nivel de esfuerzo pesquero de los últimos cuatro años, incluyendo el año 2018 de capturas récord (ver “Se hace indispensable alertar a las autoridades”).

Con la posibilidad de aumentar la capacidad de bodega que generó el cambio a la cajita, muchos barcos chicos que no se trasladaban a aguas nacionales comenzaron a hacerlo porque les resultaba rentable, contribuyendo al aumento del esfuerzo pesquero. Si el ejemplo se traslada a los barcos grandes, las cifras son escalofriantes no solo por el poder de estiba sino de captura diaria. “No puede seguir pasando que un barco capture 80 toneladas por día, porque no hay recurso que lo resista”, señalan.

El aumento del esfuerzo pesquero, señalaron hace unos días los investigadores del INIDEP en este medio, podría haber empujado el langostino al norte antes de lo previsto y de ser así, las consecuencias no serían buenas para el recurso. Es por eso que en el sector no solo preocupa la mala calidad, sino el efecto biológico que podría tener de cara a las futuras temporadas (ver Voracidad y malas prácticas ponen en peligro el futuro del langostino).

En Chubut acaban de tomar algunas medidas tendientes a limitar el poder de captura de los barcos con permisos provinciales que operen tanto en aguas de su jurisdicción como en aguas nacionales. Se espera que en el Consejo Federal Pesquero ocurra lo mismo. Desde el sector empresario destacan que el manejo biológico con aperturas y cierres fue acertado, creen que gracias a eso el recuso podría no verse tan afectado, pero reniegan de que haya sido lo único a lo que se ha estado atento. El hecho de no haber generado nunca un plan de manejo que estableciera claramente cómo debían operar los barcos tiene consecuencias que hoy están a la vista.

Hasta hace unos siete u ocho años, cuando comenzó la fiesta de reformulaciones y de ingreso desmedido a la pesquería de langostino, era normal que la flota tangonera, que venía trabajando codo a codo con el INIDEP, hiciese lances de tres o cinco minutos y muchas veces con solo una de sus dos artes de pesca desplegada. La calidad era prioridad. Los primeros fresqueros que ingresaron a la pesquería, en un principio, mantenían esos estándares de calidad que, a diferencia de los actuales, seguían haciendo viable el procesamiento en tierra.

“Hay que pescar menos, mejor y con mayor calidad porque se pone en riesgo el negocio para todos. El langostino debe manejarse con responsabilidad, se debe invertir para tener buena calidad. A los que pescan langostino hoy y mañana van a otra especie no les importa lo que pase con el recurso, el langostino no puede ser para los que no les importa si el año que viene no hay, debemos estar todos comprometidos. Con esta ecuación han conseguido que todos salgamos perdiendo, los congeladores, los fresqueros y las plantas”, resumen los más importantes referentes del sector langostinero.

Fuente: Revista puerto

Juan

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