La Corriente de Brasil está cambiando y afecta a la pesca

El calentamiento global ha generado cambios en el Atlántico Sur. El aumento en la temperatura del agua y en la intensidad de los vientos está generando un desplazamiento de la Corriente de Brasil hacia el sur provocando cambios en el ambiente que impactan sobre los recursos pesqueros.

Los interesantes informes elaborados por la oceanógrafa del CONICET Bárbara Franco y un reconocido equipo de científicos, dan muestra de los efectos que el cambio climático ya ha producido sobre el sureste del Océano Atlántico Sur, provocando modificaciones en la temperatura del agua y en el desplazamiento hacia el sur de la Corriente de Brasil. Las aguas cálidas son arrastradas hacia el sur modificando la confluencia con la Corriente de Malvinas y ello trae aparejado un cambio en los ambientes marinos, viéndose afectadas especies pesqueras de interés comercial de la Argentina, Brasil y Uruguay. La vieira patagónica, la anchoíta y la merluza hubbsi son algunos de los recursos sobre los que brindan información, indicando que deben leerse como los primeros indicios de un cambio que no se detendrá.

La Corriente de Malvinas transporta aguas frías y nutrientes hacia el norte a lo largo del talud continental y el borde de la plataforma de Argentina, mientras que la Corriente de Brasil transporta aguas cálidas hacia el sur a lo largo del talud continental y la plataforma exterior de Brasil y Uruguay. La confluencia de estas corrientes genera ambientes de muy alta productividad; el Frente del Talud es uno de los más destacado a nivel nacional y mundial.

Pero los efectos del cambio climático están modificando ese escenario. Los cambios en la dirección del viento sobre el Atlántico Sur han llevado a una intensificación de la Corriente de Brasil y un desplazamiento hacia los polos. En consecuencia, se ha observado un intenso calentamiento del océano a lo largo del camino de la Corriente de Brasil, sobre la plataforma del sur de Brasil y en el Río de la Plata.

Se ha comprobado un cambio constante hacia los polos de los principales giros oceánicos subtropicales impulsados ​​por el cambio climático con una fuerte tendencia al calentamiento superficial sobre las corrientes fronterizas de borde oeste de los océanos, lo que está desplazando la Corriente de Brasil hacia el sur. En la región, se observa el calentamiento de la superficie del océano, principalmente a lo largo de la trayectoria de la Corriente de Brasil, de la Confluencia Brasil-Malvinas y en el Río de la Plata.

El Atlántico Sur se ha reportado como una de las zonas calientes más extensas e intensas del calentamiento de la superficie global de los océanos y este grupo de investigación ha identificado áreas calientes, “hotspots”, en la columna de agua, particularmente en la mitad del agua y capas inferiores donde habitan especies marinas.

Pero señalan que a pesar de que ya se han registrado cambios en la distribución y productividad de las especies marinas a partir de un calentamiento oceánico más rápido que otras regiones del mundo, los cambios potenciales permanecen en gran parte inexplorados.

“Mientras que las áreas calientes del calentamiento del océano superficial y las olas de calor están relativamente bien estudiadas en función de la disponibilidad de datos satelitales, los cambios de temperatura en mayores profundidades y en el fondo siguen siendo deficientes, a pesar de su posible impacto en ecosistemas neríticos, pelágicos y bentónicos”, advierten.

A pesar de las limitaciones existentes, el grupo de investigación ha podido describir a partir de la información científica pesquera disponible, algunos cambios en pesquerías de importancia comercial que estarían relacionados con los cambios en el ambiente que el desplazamiento de la Corriente de Brasil está provocando.

El calentamiento de las aguas sobre el mayor banco de vieira patagónica podría exceder la tolerancia térmica de esta especie y su supervivencia. La temperatura media de la superficie durante 2014 muestra aguas más cálidas de la Corriente de Brasil alcanzando latitudes más al sur de lo observado durante 2005, por ejemplo.

Como la vieira patagónica es una especie de agua fría, el desplazamiento hacia el sur de esta tendencia de calentamiento y su proyección implica una tendencia hacia condiciones térmicas desfavorables para la especie, explican.

En cuanto a la merluza hubbsi, otra especie de agua fría, señalan que también ha exhibido desembarques decrecientes durante los últimos 25 años y agregan que el desplazamiento hacia el sur que se viene observando podría ser consecuencia del calentamiento. Esta situación, consideran, “merece que se realicen esfuerzos urgentes para mejorar la investigación”.

Por otra parte, señalan que a pesar de capturarse menos de lo recomendado y contar con certificación de sustentabilidad, la anchoíta engraulis ha sufrido cambios en la abundancia como así también en el tamaño y el peso de los ejemplares. Consideran que estos cambios podrían estar relacionados con aumento de la temperatura de superficie y modificaciones en la salinidad del agua.

Otro dato que apuntan como relevante es el desplazamiento hacia el sur del jurel, lo que estaría asociado a una expansión de las zonas de alimentación. En Uruguay, incluso, comienzan a ver una tropicalización de las especies: espacios que antes eran ocupados por recursos de aguas frías van siendo ocupados por especies de aguas más cálidas.

El cambio climático también ha intensificado los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en sureste del Océano Atlántico Sur, afectando a pesquerías que son particularmente vulnerables.  Entre las especies afectadas, citan el caso de las muertes masivas en las poblaciones de almejas amarillas y la subsiguiente disminución duradera de la abundancia.

Para los especialistas, las proyecciones de cambios en las capturas pesqueras requieren esfuerzos de investigación urgentes basados ​​en observaciones de cambios en rendimiento, abundancia, distribución y tallas de los principales recursos pesqueros. “El impacto de tales cambios proyectados, depende de cómo los países de la región aumenten su capacidad de adaptación al cambio climático”, indican.

Destacan que aunque Brasil, Uruguay y Argentina albergan numerosas pesquerías comercialmente significativas, rara vez se ha abordado su investigación desde la perspectiva del cambio climático.

“Ausencia de programas de seguimiento a largo plazo, acceso restringido a la información disponible, datos parciales en la cargar de bases de datos globales de evaluaciones de stock, y la indiferencia institucional para considerar los cambios ambientales en la ordenación pesquera han contribuido a una escasez de conocimientos en comparación con otras regiones”, indican.

Advierten que esta escasez de datos conduce a una representación deficiente del Atlántico Sur en las evaluaciones globales del impacto climático en la pesca y socava la capacidad de adaptación de los gobiernos y comunidades marinas dependientes, resaltando que en nuestra región el 59% de las poblaciones se pesca en niveles insostenibles, y sugieren mejorar las evaluaciones para sentar las bases de mejores estrategias de manejo en el contexto del cambio climático.

“Creando conciencia sobre el potencial impacto del cambio climático en la pesca, adaptándose a los cambios en los rendimientos pesqueros y proactivamente crear instituciones transfronterizas eficaces, muchos de los posibles efectos perjudiciales del cambio climático sobre la pesca podrían aliviarse”, concluye el informe.

Revista Puerto

Juan

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