24M Día de la Memoria: «En Santa Cruz falta investigar»

A fines de la década del cincuenta, los Armendáriz llegaron desde España para instalarse en Puerto Deseado. En 1977, ella tenía 26 y su hermano Andrés, 28. Hoy, ella tiene 71 años y él aún tiene 28. María Ángeles cuenta a La Opinión Austral cómo fue y cómo se vive ser familiar de una víctima de la dictadura.
Fuente: La Opinión Austral. Por Belén Manquepi Gómez

María Ángeles Armendáriz es la hija del medio de un matrimonio con ocho hijos, de los cuales siete nacieron en España. En 1958 la familia completa se mudó a Argentina y se instaló en Puerto Deseado.

En 1977, ella tenía 26 y su hermano Andrés, 28. Hoy, ella tiene 71 años y él aún tiene 28. Sus cenizas fueron arrojadas al mar en la zona de la Cueva de los Leones en Puerto Deseado.

María Ángeles accede rápidamente a brindar una entrevista a La Opinión Austral pero luego contará que para llegar a hablar de lo que le pasó a su hermano, debió pasar por muchas etapas.

LOA: ¿Cómo era Andrés?

MAA: Andrés era un tipo muy accesible, muy sociable, tenía características de líder. En Deseado trabajaba mucho en la parroquia, allí organizó la Acción Católica Argentina, y un grupo juvenil. También organizaba las peregrinaciones a la gruta de Lourdes. Se dedicaba a formación moral y ética de los jóvenes


Se recibió de Perito Mercantil y comenzó a trabajar en el estudio de un abogado, el Dr. Morón. Luego se vino a Buenos Aires a estudiar dirección de empresas y relaciones humanas en un instituto dependiente de la UCA. Cuando terminó esa carrera comenzó con abogacía, le quedó todo trunco porque mientras él estaba estudiando trabajaba en Austral Líneas Aéreas, fue nombrado delegado gremial y debido a esa actividad lo marcaron, en esa época decíamos lo «chuparon» y al día siguiente, a las 12- 14 horas lo tiraron muerto en la vía pública.

¿Cómo llega a ser delegado gremial?

MAA: Tenía que ver con su personalidad y su forma de ser. Andrés era un tipo muy accesible, muy sociable, tenía características de líder. Era muy activo, en Austral trabajaba en Cobranzas, nada que ver con lo que había estudiado.

Para él, eso (ser delegado) era lo que debía hacer. En algún momento le propusieron ser jefe del área y Andrés le dijo que no, que si él aceptaba ese puesto no podía defender a sus compañeros, creo que ese momento lo pinta de cuerpo entero, ese era el compromiso que tenía con todos sus compañeros, no le importaba tener nombre, quería ayudarlos.
¿Cómo se enteraron de su secuestro?
MAA: Por su compañera, quien me llama por teléfono y me avisa que Andrés no había ido a dormir a la casa. Me organicé para encontrarme con ella y me cuenta que habían estado reunidos, almorzando juntos. Andrés le había dicho que a las 20:00 se encontraban en el departamento, él tenía que ir a una reunión por los preparativos para los actos del 1° de Mayo, Día del Trabajador. A las 20:00 Andrés no aparece, ni a las 22:00, ni a las 23:00.

Fuimos al departamento y no estaba, pero lo habían allanado, con lo cual tuvimos la confirmación de que a Andrés lo habían secuestrado.

Empezamos a escribir a todas las autoridades posibles, militares, civiles, eclesiásticas, a todos quienes podían llegar a tener un tipo de influencia con quien lo tuviera.

Andrés era estudiante universitario y delegado gremial de Austral Líneas Aéreas

Se presentó el Habeas Corpus y se tardó 15 días en tener el resultado, tras esa presentación se nos informó de su fallecimiento y nos dieron las indicaciones para que vaya a hacer el trámite para reconocerlo.

Gracias a Dios encuentro el cuerpo antes que lo desaparezcan definitivamente. Llegué a la morgue judicial un miércoles y ya estaba dada la orden judicial de inhumación vía administrativa para ese viernes. Un Domingo de Pascua lo enterré.

¿Cómo afrontaron esa situación?

MAA: Mi familia estaba diseminada, mi hermana mayor en Deseado, la que le sigue en Ushuaia, yo en Buenos Aires, Andrés en Buenos Aires, un hermano en España y otro en Suecia. Mis padres y dos de mis hermanos estaban en Córdoba, así que me tocó a mí hacer todo el recorrido para tratar de identificar el cuerpo. Una vez que contratamos la funeraria era necesario que lo mantuvieran hasta que pudiera contactarme con mis padres, explicarles la situación y hacerlos venir para que pudieran despedirse de él.


No se podía hablar abiertamente y decir ‘A Andrés lo mataron’
A mis hermanas hubo que escribirles cartas, no podíamos llamar por teléfono y decirles qué había pasado, sintonizaban en onda corta y no se podía hablar y decir «A Andrés lo mataron», «Andrés murió» sí, pero no se podía decir la causa.

Si tenía que decirle a mi hermana Andrés murió lo primero que me iba a preguntar era qué había pasado, de qué había fallecido, para evitar eso, escribimos cartas.

(Para María Ángeles recordar cómo fueron esos días en los que debió encargarse de la situación y cómo se enteraron sus hermanas del asesinato de Andrés es el momento más difícil de la entrevista pero se recompone y continúa, como lo hizo con 26 años y como lo hace hoy 45 años después.)
¿Cómo hicieron para atravesar la situación en ese contexto?

MAA: No podíamos decir públicamente nada a nadie, tenías que hablar en código. Si ibas en colectivo y un amigo te preguntaba por tu hermano le decías «se fue de viaje» o «sí, está internado» pero no contarle lo que había pasado, porque no sabías quien estaba escuchando, si al lado tenias un espía, una persona que nada que ver o si te estaban siguiendo. Tenias que comunicarte solapadamente.


¿El retorno de la democracia trajo tranquilidad?

MAA: Creo que sí, la gente se abrió de otra manera pero el bozal que nos quedó de la época de los militares sobretodo del ’76 a ’78 fue tan profundo que en los primeros años de democracia tampoco se hablaba de eso. Se comenzó a hablar cuando Alfonsín creó la CONADEP entonces más de una persona hizo la denuncia. En ese momento yo no hice la denuncia porque entendía que era para personas desaparecidas y Andrés no estaba desaparecido.

Se empezó a hablar pero con muchísima resistencia, faltaba muchísima información. Las víctimas que habían sobrevivido a la tortura comenzaron a explayarse pero los que éramos familiares de fallecidos todavía no nos animábamos a contar.
Durante mucho tiempo cuando me preguntaban de qué falleció tu hermano, cómo falleció, decía «lo mataron los milicos», nunca entré en detalles. Comencé a soltarme cuando tuve que recuperar los expedientes judiciales del Hábeas Corpus y del homicidio para presentarlo ante el juez Garzón en España.

Al tener los dos expedientes delante mío y leerlos… ahí se me abrió todo un mundo que no tenía olvidado pero se ve que lo tenía tan en el subconsciente y la herida era tan profunda… era como si se hubiera formado la costra de la cicatriz y debajo no se veía lo que había, pero cuando esa cicatriz se levantó mirando los expedientes, ahí empecé a hablar y con detalles.

¿Siente que falta hablar del tema en Santa Cruz?

MAA: En Santa Cruz creo que falta mucho. Me enteré de los desaparecidos de Santa Cruz y de Deseado en 2014 cuando viajé y se inauguró la Plaza de la Memoria y se cambió el nombre de Aramburu por el nombre de mi hermano. He participado en reuniones en distintos centros clandestinos, he estado en charlas pero de Santa Cruz jamás había escuchado absolutamente nada, como que nunca había pasado nada debido a la poca densidad de población, en teoría. Creo que a Santa Cruz le falta mucho para investigar y averiguar.

¿Qué le significa el 24 de marzo?
MAA: Es un día muy especial, lo asocio con la muerte de mi hermano. El 24 asumen los militares, es el día del golpe, el 25 de marzo pero un año después los militares asesinan a Rodolfo Walsh, y el 26 de marzo desaparece mi hermano, hago esta correlación, esos tres días son los más especiales del año, son tres días en los que, dolorosamente, recuerdo todo eso.

Traté de transmitírselo a mis hijos, creo que en parte lo logré, y ellos ahora están tratando de transmitírselo a mis nietos. Mi hijo mayor llevo a mis nietos adonde colocamos la baldosa de mi hermano en Buenos Aires y le explicó la situación. Después, cada vez que veía una baldosa se la señalaba.

En algún momento supongo que me van a preguntar que es lo que pasó con Andrés, qué es lo que pasó en esa época y porqué aparecieron todas esas baldosas. Creo que es una forma de sumar conciencia, de transmitir la memoria, que se mantenga viva y ese recuerdo de los años que no queremos que vuelvan de los años negros de la Argentina

Por último, ¿cómo le gustaría que recuerden a su hermano?

MAA: Por su entrega y generosidad hacia el prójimo, la responsabilidad con que asumía sus obligaciones y con las que encaraba sus actividades. Era un tipo muy alegre, le gustaba leer, cantar, hacer bromas y recitar poemas de Lorca.

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